Jarrones, gatos y familia
Esto ocurrió en 2022, y fue algo que tanto mi hermana como yo vivimos juntos. Quiero dejar claro que somos personas bastante racionales, que siempre tratamos de encontrarle una explicación lógica a las cosas… pero esto, simplemente, no la tiene.
Era un sábado por la mañana. Mis padres habían salido a hacer unas compras, así que mi hermana y yo estábamos solos en casa. Cada uno estaba en su habitación, en la planta de arriba. Nuestra casa tiene varias plantas: en la de arriba están los dormitorios y un baño; en la del medio, el salón, la cocina, otro baño, la terraza y el patio.
Ambas puertas —la de su habitación y la mía— estaban abiertas. Hablábamos de vez en cuando, intercambiábamos alguna palabra, lo típico. En ese momento, escuchamos un golpe fuerte. Sonó como si algo hubiera caído en el baño, pero no sabíamos exactamente qué.
Un segundo después, otro golpe. Esta vez, abajo.
Nos levantamos y fuimos directamente al baño de arriba. Allí, en la esquina de la bañera, hay dos repisas donde solemos tener los geles, champús y demás productos. Mi madre también había colocado un pequeño jarrón de cerámica con flores de plástico (sí, un poco hortera, lo sé). Ese jarrón estaba completamente destrozado dentro de la bañera.
Lo extraño es que el jarrón estaba detrás de las botellas. No había ninguna corriente de aire, ni ventanas abiertas. Para que ese jarrón terminara allí, tendría que haberse elevado, desplazado hacia adelante y luego caído. Porque si simplemente se hubiera deslizado, habría tirado todo lo que tenía delante. Pero no: solo cayó el jarrón.
Nos quedamos helados. Bajamos a revisar el segundo golpe que habíamos escuchado, y fuimos al salón. Allí, sobre un aparador de dos niveles, mi madre tenía varias fotos familiares, figuritas decorativas… y otro jarrón, esta vez de cristal, también con flores de plástico.
Ese jarrón había caído al suelo, pero increíblemente, no se rompió. Lo más inquietante es que también estaba detrás de otros objetos. Si hubiera sido empujado, se habría llevado por delante fotos y adornos. Pero no: todo seguía en su sitio, salvo el jarrón. Y nuevamente, todas las ventanas estaban cerradas. Nada tiene sentido.

Hasta el día de hoy no sabemos cómo pasó. No había nadie más en casa. Mis padres, cuando volvieron, tampoco pudieron entenderlo. Fue como si algo invisible hubiera levantado ambos jarrones y los hubiera dejado caer… uno tras otro, con apenas un segundo de diferencia.
Pero no termina ahí.
Un tiempo después, a mi hermana y a mí nos ocurrieron otras cosas extrañas. Dos veces, cada uno, subimos a nuestras habitaciones y escuchamos ruidos provenientes del armario. Al abrirlo, vimos gatos. Sí, gatos. Ella encontró un gato negro dentro del suyo, y a mí me pasó lo mismo con uno pardo. No tenemos ni idea de cómo entraron.
Y no fue todo.
Hace cosa de un año y medio, subí a mi habitación y vi pelos de gato sobre la cama, además de lo que parecían pisadas. Me sorprendí muchísimo porque mi gata vive en el garaje y nunca ha subido. Revisé debajo de la cama y había otro gato. Esta vez, abrí la puerta, cerré las habitaciones, bajé al salón, abrí la puerta principal, y lo asusté para que saliera. El gato bajó las escaleras y se quedó, tranquilamente, en una palmera del patio. Al día siguiente, ya no estaba.
No sé si todo esto tiene alguna conexión, pero ha sido, sin duda, de lo más extraño que nos ha pasado.
Y hay un dato más, aunque no estoy seguro de si tiene relación. En 2015, mi primo, que era como un hermano mayor para mí, falleció justo en la puerta de mi casa. Tenía solo 29 años. Durante un tiempo dormí con una foto suya en mi mesita de noche, pero empecé a tener pesadillas constantes. Dormía muy mal. Al final, quité la foto, y poco a poco todo volvió a la normalidad.
Tal vez fue una especie de impacto emocional. Me gusta pensar que fue algo psicológico, que necesitaba sanar. Pero cuando pienso en los jarrones, en los gatos, y en todo lo demás… me cuesta no preguntarme si hay algo más.
Sea como sea, lo que ocurrió en aquella casa sigue siendo, hasta hoy, el misterio más grande que hemos vivido.