La historia del cuadro
Esto ocurrió hace muchos años, cuando yo tenía apenas 4 o 5 años.
Mis padres, mi hermano —que en ese entonces era solo un bebé— y yo, nos habíamos mudado recientemente a una acogedora casa de dos plantas. Pasamos varios meses en reformas, y cuando por fin pudimos instalarnos, la casa quedó preciosa. Todos nos sentíamos muy a gusto allí… al menos al principio.
Una tarde tranquila, mientras mi madre, mi hermano y yo estábamos en el salón, se escuchó un golpe seco y fuerte proveniente de la planta de arriba. Sin pensarlo mucho, me ofrecí a subir a ver qué había pasado. Supuse que se había caído algo.
Al llegar al dormitorio de mis padres, me encontré con una escena extraña: uno de los cuadros que mi madre tenía apoyado detrás de una cómoda había aparecido en el centro de la habitación. Pero no solo eso… la fotografía que estaba dentro del marco —una imagen de mi padre durante su época en la mili— estaba ahora sobre la cama, completamente separada del marco cerrado, a casi un metro de distancia de donde debía estar.

Me pareció raro, pero a mis cuatro años no entendía del todo qué podía significar. Así que abrí el marco, volví a colocar la foto dentro, lo dejé todo como estaba y bajé para contarle a mi madre lo sucedido. Ella, visiblemente extrañada, me preguntó varias veces si estaba segura de lo que había visto, y yo se lo confirmé sin dudar.
Poco después, el mismo golpe volvió a resonar desde arriba. Esta vez fue mi madre quien subió. Lo que encontró fue aún más inquietante: el mismo cuadro, otra vez fuera de lugar. Esta vez, la fotografía estaba en el suelo, boca abajo, y el marco sobre la cama.
Mi madre lo recogió, volvió a armar el cuadro y lo colocó en su sitio, aunque ya con miedo. No podía explicarse cómo algo así podía pasar una vez, y mucho menos dos. Era imposible que ese cuadro se hubiese caído sin mover los otros que estaban delante. Y más aún, que la foto saliera del marco cerrado.
Bajó con nosotros, visiblemente nerviosa, y no pasó mucho tiempo hasta que el golpe volvió a escucharse por tercera vez. En ese momento, el miedo fue más fuerte. Nos tomó a mi hermano y a mí en brazos y salimos de la casa, esperando afuera hasta que mi padre regresó del trabajo esa noche.
A partir de entonces, mis padres decidieron retirar la foto. Nunca volvieron a caerse cuadros… pero la casa siguió siendo escenario de cosas extrañas durante muchos años.
A día de hoy, sigo sin saber qué intentaba decirnos «aquello», si es que era ella. Lo cierto es que compramos la casa poco después de que falleciera su antigua dueña, una señora mayor que murió dentro de esas mismas paredes.
No sé si era su forma de hacerse notar, de advertirnos o de comunicarse. Pero lo que puedo asegurar, sin lugar a dudas, es que ese día el ambiente en la casa era muy diferente. No era un lugar tranquilo. No era un lugar en paz.