Historias reales

La Presencia en el Cuarto de la Abuela

Nunca creí en fantasmas hasta que me pasó algo que todavía me cuesta explicar. Tenía 24 años cuando mi abuela falleció. Vivíamos en la misma casa, y ella dormía en la habitación del fondo, donde había vivido por más de 30 años. Después de su muerte, nadie quería entrar ahí. Era como si el aire pesara más en esa parte de la casa.

Pasaron unas semanas y mi madre me pidió que limpiara el cuarto para convertirlo en una pequeña sala de costura. No tenía miedo, pero sentía una incomodidad que no podía explicar. Al entrar, el olor a su perfume —una mezcla de lavanda y algo floral— todavía estaba presente, aunque ya no había ningún frasco en la habitación.

La primera vez que noté algo raro fue cuando empecé a quitar ropa del armario. Escuché que alguien susurraba mi nombre: “Ana…”. Me congelé. Pensé que era mi imaginación, pero ocurrió de nuevo, esta vez más cerca. Salí corriendo y no regresé hasta el día siguiente.

En la noche, mientras intentaba dormir, escuché pasos suaves afuera de mi cuarto. Pensé que era mi madre, pero ella estaba dormida. Los pasos se detenían frente a mi puerta, y no se oía nada más. Me armé de valor y abrí de golpe… no había nadie.

Pero lo más fuerte fue una noche que desperté a las 3:33 a.m., sintiendo que alguien me miraba. Abrí los ojos y vi claramente la silueta de una mujer sentada en la esquina de mi cama. No me hacía daño, solo me miraba con tristeza. En la oscuridad, pude distinguir su rostro. Era mi abuela.

No me asusté. Sentí una paz extraña. Como si solo quisiera despedirse. Cerré los ojos, y cuando volví a abrirlos, ya no estaba.

Desde entonces, nadie ha vuelto a ver nada. Pero todos, incluso mi madre, hemos sentido su presencia en ciertos momentos. A veces, cuando hay silencio, todavía se huele su perfume flotando por la casa.

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